Elena Berezhnaya & Anton Sikharulidze

Cuando patinan el tiempo parece detenerse; empieza la música, el movimiento y es imposible no contener el aliento. Se deslizan sobre una superficie sin fronteras con la gracia de la expresión artística pura. Es raro, pero la perfección técnica y atlética parece no importar cuando fluyen sobre el hielo. Todas las luces los apuntan y todos los ojos los admiran; ellos lo saben pero no se aprovechan, sólo entregan lo mejor en cada segundo y el resultado es nada más y nada menos que un sueño hecho realidad. Ellos son Elena Berezhnaya y Anton Sikharulidze.

Anton Sikharulidze nació el 25 de Octubre de 1976 en San Petersburgo. Elena Berezhnaya el 11 de Octubre de 1977 en Nevinnomyssk, ex USSR. Comenzaron a patinar desde pequeños y al poco tiempo se destacaron por su talento. Pero antes de encontrarse y formar esta maravillosa pareja, ambos tuvieron otros compañeros en el hielo. Anton patinó con otra reconocida medallista, María Petrova. Por su parte, Elena (o Yelena, como en algunos lugares la llaman) comenzó su carrera en pareja con el patinador Oleg Shliakov, de quien se separó en 1996, luego de una lesión que sufrió durante una práctica: en un trompo paloma espejo, la cuchilla de Oleg golpeó la cabeza de Elena, causando una seria fractura de cráneo.

Elena y Anton para ese entonces ya eran amigos. Cuando Anton se enteró de lo que le había sucedido a su amiga, enseguida acudió en su ayuda y la llevó a un centro de rehabilitación en San Petersburgo; durante unos días Elena perdió la habilidad del habla y su cuerpo debía recuperarse de dos operaciones neurológicas. Durante el siguiente año, con la ayuda de la famosísima Tamara Moskvina y de la mano de Anton como su pareja en el hielo, Elena volvió a la pista y a las competencias con renovadas fuerzas.

Fueron los principales candidatos a la medalla dorada en los juegos olímpicos de Nagano 1998, luego de haber ganado el Campeonato Europeo de ese mismo año. Pero la suerte y los nervios les jugaron una mala pasada y tanto el programa corto como el largo, estuvieron plagados de errores. Aún así, los jueces les otorgaron la medalla de plata.

Durante los siguiente años, ganaron medallas y reconocimiento en cuanto certamen se presentaban, convirtiéndose así en una de las parejas más importantes del patinaje artístico contemporáneo. Sentaron las bases de medición para cualquier pareja por venir; fieles exponentes de la escuela rusa, la velocidad y la técnica nunca faltaron en sus presentaciones, pero la elegancia y la expresión artística tampoco.

Entre competencias y entrenamientos, llegó la temporada 2001-2002 y con ella hechos que hicieron historia en este deporte. En los eventos de esta etapa, dos parejas se disputaban los primeros puestos, turnándose en el podio: Salé y Pelletier, Berezhnaya y Sikharulidze. Llegaron las Olimpíadas de Salt Lake 2002 y tanto una pareja como la otra podía llevarse el oro; ambos programas cortos fueron ejecutados a la perfección, pero la controversia llegó con el programa largo. Primero patinaron Elena y Anton y a la vista de mucho fue una rutina limpia, pero las cámaras confirmaron después que tuvieron un pequeño traspié. Salé y Pelletier patinaron su famoso programa “Love Story” sin imperfección alguna. Los jueces pusieron a los rusos en el primer lugar y a los canadienses en el segundo, ante el descontento de la gran mayoría del público y la prensa. Los rumores y los reclamos no se hicieron esperar y bajo esas presiones la ISU y el Comité Olímpico empezaron a investigar a los jueces. Al poco tiempo salió a la luz que la jueza francesa, Marie-Reine Le Gougne, había favorecido a los rusos por encima de los canadienses cediendo a la presión de su federación, a cambio de que la pareja de danza de Francia quede en el podio. El resultado de tanto revuelo: medalla dorada compartida entre las dos parejas.

Quiero decir que sabemos que estas cosas pasan en muchos lugares, pero fue una de las peores experiencias como patinadora que viví; que dos parejas excelentes y merecedoras de reconocimiento se vean envueltas en un escándalo de esta magnitud por un asunto político y económico (sin mencionar que también está totalmente falto de moral y ética), es realmente deplorable.

Luego de los juegos olímpicos de 2002, Berezhnaya y Sikharulidze se convirtieron en profesionales, dejando para siempre las competencias amateurs. Continúan patinando juntos eventualmente, aunque cada uno siguió su camino. Elena se casó con el patinador británico Steven Cousins y es mamá del pequeño Trysten. Anton continúa en el ámbito deportivo, pero desde actividades sociales y políticas en Rusia.

A continuación les dejo el programa largo que presentaron en los Campeonatos Mundiales de 2001.