Había una vez un lago…

El clima de nuestro planeta es bondadoso. Tenemos selvas, desiertos, cumbres de nieve eterna y mares de agua salada. Y tenemos pequeñas formaciones de agua, que dependiendo del territorio, en los fríos inviernos se congelan y le regalan al hombre la oportunidad de divertirse, cosa que hizo durante muchos años.

Al poco tiempo, la diversión fue adquiriendo las características de un deporte, pero no cualquiera. Sí, hay reglas que seguir, técnicas que manejar y competencias en qué participar, pero a diferencia de otros, el patinaje artístico combina gracia con precisión, destreza con pasión y cuerpo con alma.

Este lugar está para aquellos que sepan de lo que estoy hablando, porque sintieron el aire frío que emana la pista y la sensación de volar sobre una nube. Pero también, está para los que nunca tuvieron la oportunidad de sentirse así de libres.

Soy una patinadora argentina que tiene la suerte de haberse enamorado del patinaje sobre hielo y la desgracia de vivir en un lugar en el que soñar con pisar una pista olímpica, se transforma en una utopía. Sólo soy una de los tantos que intentaron lograr un salto una y otra vez, una de los tantos que madrugaron para ir a practicar y ensayar para el esperadísimo show de fin de año, una de los tantos que siguieron con su vida pero que nunca dejaron de amar el sonido de la cuchilla contra el hielo.

Sean bienvenidos a “PATINANDO SOBRE HIELO”: una página pura y exclusivamente sobre eso que muchos buscan, lograr soñar despiertos.